Premio Convivencia

Manuel Leguineche

Manuel Leguineche

La Fundación Premio Convivencia quiere sumarse al pesar por la desaparición del maestro de periodistas y máximo exponente del reportero de guerra, Manuel Leguineche.

De algún modo, muy tangencialmente, Leguineche tiene un cierto vínculo con nuestra entidad ya que junto al también periodista, Gervasio Sánchez, editó un libro titulado 'Los Ojos de la Guerra' en el que 70 corresponsales escriben su profesión y recuerdan al compañero Miguel Gil, muerto en Sierra Leona y al que su familia dedicó la Fundación que lleva su nombre y que fue acreedora de nuestro más codiciado galardón en 2010.

Al gran Maestro Manuel Leguineche

Asisto con tristeza a la, para mí, inesperada muerte del gran Manu Legineche. El maestro del periodismo español había decidido, o mejor, se vio obligado a afrontar una traumática, por prematura, retirada con algunos años más por encima de los 60. Se ha ido a los 72. Una edad extraordinariamente competente y lúcida para no sólo un periodista si no un escritor e intelectual de envidiable talla. Manu respondía al reportero de guerra en quienes se fijaron muchos comunicadores para cubrir las miserias, tragedias y zozobra que provoca un conflicto bélico fundamentalmente donde se libra la batalla. En el epicentro del peligro. Hoy he escuchado unas declaraciones del maestro en la SER (fonoteca) que me han causado un enorme impacto:"Siempre he tenido la sensación de que en una guerra el lugar menos peligroso es, precisamente, el foco mismo donde se libra la batalla". Allí siempre estaba él, nada más conocer un breve teletipo o una última hora en la radio o la tele sobre una guerra civil en África o un golpe de estado en el más lejano oriente. Inmediatamente hacia acopio de cuatro trapos y sus sencillos utensilios de trabajo para poner rumbo a su descarnado destino. Un viaje hacia un infierno del que, por fortuna, siempre volvió. De dónde no ha podido regresar es de su última guerra. La que libró en una durísima lucha contra el cáncer. Ahí se dejó todas sus fuerzas hasta ayer mismo, cuando ya no pudo más. He de confesar que mi descubrimiento de Manu Leguineche lo hice de la mano de otro grande. El maestro de la radio, Luis del Olmo, al que el género de la tertulia le debe tanto. Tertulias maravillosas en las que Manu contaba sus experiencias, a veces incluso desde el mismo lugar dónde cubría una guerra. Con su verbo precipitado cuando el sonido de la metralla y las balas sonaban como telón de fondo a sus incomparables crónicas. Y yo, entusiasmado, junto a mi padre, al otro lado de la radio disfrutaba hasta el paroxismo. Me gustaría saber lo que hoy ha dicho Luis del Olmo del reportero muerto. Lo voy a buscar mientras recuerdo las narraciones de Leguinche sorprendentemente alojadas en un privilegiado lugar de mi memoria; y me muero por releerle o leer todo el material bibliográfico que nos ha dejado, amén de sus crónicas que hoy rememoran muchos periódicos. Desde aquí mi admiración y sentido homenaje al "reportero de reporteros" (Rosa María Calaf)...'El hombre que siempre estuvo allí'.

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