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El marcado escepticismo de los analistas internacionales, era
justificado, pues se intentaba creer que con la firma de ese
documento, las armas se iban a callar, los grupos irregulares
volverían a la vida civil y el país empezaría a recuperarse
económicamente tras el retraso causado por la guerra.
Una década después, El Salvador es ejemplo de un proceso exitoso de
transición de la guerra a la paz, sin señales de que dicho proceso se
revierta. Este éxito requirió del esfuerzo de todo un pueblo, que no
fue sencillo, pues exigía sanar las heridas recientes de la guerra
enfrentando los desafíos innumerables del futuro. Lograr el perdón y
la reconciliación de la sociedad se vislumbraban como el reto de los
gobiernos de turno.
Sin embargo, fue el mismo pueblo salvadoreño el que dio una vez más la
lección. Sobre las cenizas de una sociedad dividida, polarizada,
herida y desconsolada, se levantó una sociedad amante de la libertad y
del progreso, convencida que el futuro para sus hijos se encontraba en
el trabajo duro y tesonero, comprometida en alcanzar mejores cotas de
bienestar para las nuevas generaciones e insertando de nuevo a nuestro
país en el concierto universal de naciones estableciendo una
democracia viva.
La convivencia armónica es en sí misma un enorme reto para todo
pueblo. Hoy día, en El Salvador conviven de manera así todas las
corrientes ideológicas de pensamiento, con una defensa acérrima de sus
posturas, pero con una conciencia común del destino nacional.
¿Qué ha ocurrido, entonces, en la percepción de los salvadoreños? La
voluntad de un pueblo por evitar que la guerra se repita, y eso pasa
por entender que en la diversidad, en la divergencia y en el disenso
está nuestra riqueza.
Naciones
Unidas ha dado por concluido este año el Proceso de Paz de El Salvador. Para
un pueblo que ha soportado un pasado tan duro, este reconocimiento a su esfuerzo
de superación, anima a reponerse y alejarse de las posibilidades de una nueva
fractura en el futuro y constituye
una motivación para seguir adelante, pero también una aprobación de la misión
cumplida hasta la fecha.
El
Salvador busca con humildad salir adelante, pero también con el entusiasmo de
una nación joven que ve en el futuro un desafío y una oportunidad. El
desencuentro que hubo entre hermanos es una triste página en la historia
reciente. Ahora, las diferencias ideológicas son actitudes de un comportamiento
político propio de una nación civilizada que sale adelante desde el diálogo y
la concertación por una senda en donde la justicia y la libertad conducen hacia
la paz, el progreso y la libertad.
En
nombre del Pueblo de El Salvador, nuestro agradecimiento a todos los que han
confiado en nosotros, nos han dado su apoyo en tiempos difíciles, y nos siguen
acompañando en esta nueva época de concordia y pacífica convivencia.
Muchas
Gracias.
Ceuta,
domingo 29 de junio de 2003
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